Todos conocemos los juegos de Fumito Ueda. No se prodigan mucho pero cada vez que nos llegan, el universo de los videojuegos sufre un revulsivo. Y no es para menos.

Algunos pueden opinar que sus juegos puedan estar sobrevalorados, pero la el equipo de trabajo detrás de estos títulos consigue algo que pocos juegos aciertan a hacer llegar al jugador: un vínculo entre el personaje que controlas y el resto del entorno.

En ICO tenemos que hacernos cargo desinteresadamente, y aún a riesgo de nuestra propia integridad, de la pequeña Yorda, secuestrada en el mismo castillo en el que encierran al pobre Ico. En Shadow of the Colossus, el amor imperecedero de un joven por su amada, nos llevará a una aventura de dimensiones épicas pero también de trágicas consecuencias. Pero en The Last Guardian, se va un paso más allá.

En su primera obra, Ueda nos involucraba en una historia de amistad mientras que en Shadow of the Colossus, la trama giraba en torno a un amor que desafiaba los límites de la vida y la muerte. Sin embargo, en The Last Guardian, Ueda, y todo el equipo de Japan Studio, van tejiendo una preciosa amistad entre el niño protagonista y Trico, la bestia salvaje que aparece junto a nosotros al principio de la aventura.

El juego tiene pocas líneas y cinemáticas, pero el eje central es la relación entre los dos protagonistas, haciendo que el resto sea accesorio y poco necesario. Ni el porqué ambos están ahí metidos o porqué hay armaduras fantasmagóricas atacando al chico parece algo importante cuando poco a poco vemos como “la bestia”, como la llama el chico, y éste, van hilando un vínculo tan puro, inocente e incondicional como sólo los que hemos tenido mascotas sabemos lo que se puede llegar a sentir.

Sufrimos con cada golpe, caída o lanza que atraviesa el emplumado cuerpo de Trico con tanta intensidad como si fuera nuestro propio compañero y lo estuviéramos viviendo justo a su lado. Y ahí es donde reside, desde mi punto de vista, la magia de The Last Guardian. En hacer de Trico algo tan vivo que podemos enfocar toda nuestra empatía hacia él. Trico se mueve, retoza por el suelo, se alegra cuando nos ve y, algo más frustrante, pasa de nuestras órdenes la mayor parte del tiempo. Es, en definitiva, un animal salvaje que, sobre todo, tiene la capacidad de encariñarse con el chico y velar por su seguridad.

Por eso creo que de las dualidades que Fumito Ueda nos ha presentado en su “Trilogía del amor”, ésta es la más potente. O tal vez se deba a que concebimos el amor de los animales como el más desienteresado de los existentes y nuestras emociones reaccionan igual que cuando nuestro perro se alegra sólo y únicamente por darle el placer de compartir el mismo espacio que él.

Y es que hay que agradecer que tanto Sony como el equipo de Fumito Ueda hayan superado el tortuoso viaje que ha tenido que pasar The Last Guardian para llegar a nosotros porque creo que nos habríamos perdido una de las mayores historias de amor del mundo de los videojuegos. Y vale cada día, mes y año que hemos esperado a que llegue.

Me gusta Japón, los videojuegos, los gatos... soy ludojapogatófilo, pero sólo por que me han hecho así

YOU MAY ALSO LIKE

Horizon Zero Dawn: Yo de mayor quiero ser como Aloy
Darksiders y la sombra de los tapados
Avalancha de descargas de Dx2 Shin Megami Tensei: Liberation

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *